José León-Carrión (Universidad de Sevilla)

Mªdel Rosario Domínguez-Morales (Centro de Rehabilitación de Daño Cerebral CRECER, Sevilla)

Ictus

La palabra ictus ha sido conocida siempre como apoplejía, una palabra griega que significa pérdida repentina de la capacidad de moverse o de sentir. Antiguamente un ictus  se consideraba un accidente cerebrovascular, nombre que ya no se usa porque el ictus no es un accidente puesto que tiene siempre una causa reconocible y se puede prevenir.

Un ictus es una enfermedad cerebro-vascular, un síndrome clínico que se desarrolla rápidamente y hace  referencia a aquellos  pacientes  que han tenido una hemorragia, embolia o una trombosis cerebral. La embolia se produce porque un embolo tapona la arteria  cerebral e impide el flujo sanguíneo. La trombosis se origina dentro del vaso sanguíneo,  generalmente por acumulación de colesterol,  reduciendo su grosor  hasta poder, incluso, llegar a cerrarla. Tanto la embolia como la trombosis están producidas por coágulos en la sangre,  pero en la trombosis los coágulos no se desplazan del lugar donde se han formado, mientras que en la embolia los coágulos  pueden proceder  de otro lugar y quedar enclavado en una arteria cerebral, lejos de donde se desprendió, por ejemplo, del corazón. El ictus se caracteriza por una pérdida aguda de funciones cerebrales focales o globales que dura más de 24 horas o que conduce a una muerte temprana. Los ictus, normalmente, también pueden deberse o a una hemorragia espontanea en la sustancia cerebral o, a un inadecuado aporte sanguíneo al cerebro (isquemia).

Cuando ocurre un ictus, se afectan las funciones cognitivas o comportamentales asociadas a  esas zonas cerebrales. Por ejemplo, un ictus que afecta a las áreas cerebrales números 44 y 45 hará que el paciente entienda lo que le dicen pero no podrá articular correctamente las palabras que quiera decir; sufrirá lo que se denomina una afasia expresiva. Si la lesión se da en las áreas 39 o 40, el paciente puede hablar pero no entender lo que se le dice, y sufrirá una afasia receptiva.

Síntomas del Ictus

Los síntomas neurológicos y neuropsicológicos más importantes de un ictus son:

Trastornos motores ( parálisis o paresias de miembros); trastornos del lenguaje o del habla (afasias y disartria); trastornos en la deglución; síntomas sensoriales (trastornos de sensibilidad al tacto, al dolor, pérdida o aumento  de sensibilidad al frío o al calor de la parte del cuerpo afectada); de visión,  vestibulares, de estabilidad y equilibrio y síntomas o trastornos cognitivos, comportamentales y emocionales.

Los  síntomas de alarma se caracterizan porque aparecen de forma brusca o se desarrollan en escaso periodo de tiempo y por los que el paciente o la familia se deben poner en contacto urgente con los servicios de emergencia hospitalaria (112 ,061). Estos síntomas son:

  • Dolor brusco e intenso de cabeza

    Distinto al habitual si es una persona con cefaleas.

  • A nivel motor

    Sensación de hormigueo en un brazo o pierna o dificultad o imposibilidad para mover un brazo y una pierna. Desviación de comisura de labios.

  • A nivel de conciencia

    Pérdida de conciencia total o parcial, con o sin caída al suelo.

  • A nivel de visual

    Pérdida parcial o completa de la visión de un ojo, visión borrosa.

  • A nivel de lenguaje y habla

    No puede hablar, o dice palabras sin sentido, emite sonidos ininteligibles o bien, no comprende lo que se le dice. No puede leer o escribir. Cambia el nombre de los objetos que tiene a su alrededor, etc.

  • A nivel cognitivo

    Se desorienta, no sabe dónde está ni reconoce su entorno. Si estaba haciendo una actividad, no sabe continuarla adecuadamente, no recuerda lo que hace unos instantes se le ha dicho, no reconoce a una persona conocida o a un familiar que está junto a ella en el momento del ictus.

Estos síntomas pueden presentarse uno solo o conjuntamente con otro de los citados. Los síntomas más frecuentes cursan con problemas motores y del lenguaje.

Epidemiología: incidencia y prevalencia

Supone un problema de salud pública de primer orden. En los países occidentales es la primera causa de discapacidad permanente.

Los ictus pueden ser pasajeros -se les llama ataques isquémicos transitorios- y afectan cada año a 50 personas de cada cien mil. La incidencia de nuevos casos de un primer ictus se estima alrededor de 200 casos anuales por cada cien mil personas. El ictus es la tercera causa más común de muerte, después de los ataques al corazón y de todos los tipos de cáncer, y es la causa simple más importante de producir una enfermedad grave. La incidencia del ictus aumenta rápidamente con la edad. Mientras la cuarta parte de los casos se dan en personas por debajo de 65 años, alrededor de la mitad se da en personas por debajo de los 75. Hombres y mujeres tienen una afectación más o menos por igual. Aparte de factores genéticos, la alimentación y en cierta medida el estilo de vida, juegan un papel importante en la prevención de un ictus. La comida mediterránea se ha demostrado saludable para el cerebro. Las actuales dietas rápidas, con su fuerte componente en grasas y en azucares, es una fuente de provocar ictus en personas vulnerables o con antecedentes familiares. Los ataques isquémicos son más frecuentes una hora o dos después de levantarse por la mañana. Es raro que se den durante el sueño y parecen darse más durante los días fríos.

Factores de riesgo del ictus

Entre los más importantes:

– Hipertensión.

– Diabetes Mellitus tipo I y II, sobre todo si no están bien controladas.

– Arritmias cardiacas: fibrilación Auricular.

– Hipercolesterinemia.

– Otros: edad, tabaco y obesidad mórbida.

Hay factores de riesgo de sufrir un ictus que se pueden modificar y otros que no. La hipertensión aumenta en tres veces el riesgo de sufrir un ictus en hombres y el doble en las mujeres. El fumar aumenta la incidencia de ictus en un 40% en los hombres y en un 60% en las mujeres, independientemente de la edad.

La edad es el factor predictivo más fuerte de sufrir un ictus; mientras hay un 5% de riesgo de sufrirlo en personas entre 55 y 59 años, ese riesgo llega hasta casi un 25% en las que tienen entre 80 y 84 años de edad. El riesgo de morir por un ictus en una persona joven (menor de 45 años) es bajo: menos de 10 muertes por cada 100 personas. Los hombres tienen más riesgo que las mujeres de tener un ictus y de morir de ello: hay un 30% más en hombres que en mujeres, aunque en las últimas décadas de la vida, las mujeres sobrepasan a los hombres en número y porcentajes de ictus.

Tratamiento contra el ictus

Siempre requiere tratamiento de EMERGENCIA MÉDICA  HOSPITALARÍA, donde se activa el Códigos Ictus, con el objetivo de minimizar el daño cerebral y en consecuencia, el déficit neurológico.

En la actualidad, existen las Unidades de Ictus (UI) que mejoran notablemente la asistencia sanitaria de estos pacientes, reduciendo la mortalidad y las secuelas de la enfermedad, aunque sólo un 48% de las provincias españolas disponen de Unidades de Ictus.

En el hospital, una vez estabilizada el paciente y bajo la prescripción médica, se debe comenzar lo antes posible la REHABILITACION ESPECIALIZADA  de los déficit presentes en el paciente y continuar con ella ambulatoriamente. Este tipo de rehabilitación requiere que sea altamente especializada y en un equipo multidisciplinar esto es: Neuropsicólogo, Médicos especialistas: (Neurólogo, Otorrinolaringólogo, Neurocirujano, Rehabilitador Físico, Oftalmólogo…), Terapeutas del Lenguaje o Logopeda, Fisioterapeutas y Terapeuta ocupacional.

Otro capítulo aparte merecen, por su instauración  progresiva no aguda y que son achacables a la edad, o  al curso progresivo de enfermedades sistémicas subyacente, son los pacientes con ictus que  pueden desarrollar  una demencia vascular, generalmente debido a los infartos cerebrales embólicos repetitivos que sufren, y que pueden acabar produciendo una  Demencia Multi-infarto o Mixta. De ahí la importancia de la prevención. El ictus también puede causar depresión y deteriorar las funciones cognitivas aunque no haya demencia multi-infarto.

Los déficits cognitivos de estos pacientes deben ser tratados con rehabilitación neuropsicológica, independientemente de la edad del paciente con buenos resultados neurológicos y funcionales que se traduce en una mayor calidad de vida del paciente y de sus familiares.

Importancia de la Prevención

Es importante en toda la población y principalmente cuando hay antecedentes familiares de Ictus.

 Recomendaciones:

  • Dieta Mediterránea: dieta cardiosaludable.

  • Deporte adecuado a la edad y condiciones físicas.

  • Control de tensión arterial

  • Control de glucemia.

  • Control de triglicéridos y colesterol

  • Control niveles de estrés que cursen con taquicardias o arritmias: Fibrilación Auricular.

Si lo desea, puede solicitar su cita médica con nuestros especialistas en Neurología