Antioxidantes

Por Javier Alonso Alfonseca, Unidad de Nutrición y Composición Corporal del Centro Andaluz de Medicina del Deporte y Angeles Prada, Subdirectora de promoción e innovación sanitaria del Hospital Victoria Eugenia

El oxígeno (O2) ejerce un efecto tóxico a través de los radicales libres de oxígeno  que se producen como consecuencia de las distintas reacciones químicas ocurridas en la respiración celular   a nivel de la mitocondria de la célula. Estos productos, que en principio tienen una función fisiológica positiva al poseer una potente acción antimicrobiana (inactivación de las membranas y del DNA bacteriano mediante la peroxidación de los lípidos), tienen la capacidad de alterar las membranas celulares, las proteínas y el DNA celular, provocando su envejecimiento y favoreciendo la aparición de distintas enfermedades.

                En nuestro organismo la producción de RLO (radicales libres de oxígeno)  es constante, existiendo una serie de circunstancias que aumentan su producción: contaminación medio-ambiental, tabaco, radiación, sustancias químicas ambientales, hidrocarburos hidrogenados, metales pesados, alcohol, fármacos antineoplásicos, ejercicio físico extenuante.

Afortunadamente nuestro organismo está dotado de mecanismos de defensa ante el “veneno” que representa los RLO, y que están encaminados a disminuir su génesis y/o neutralizar los ya formados (vitaminas E y C, carotenoides, selenio, zinc………)

Uno de los factores que puede acelerar la producción de RLO es el ejercicio físico, pues conlleva un aumento del consumo de oxígeno a nivel muscular, lo que acarrea una mayor producción de RLO. Además los factores de isquemia-reperfusión derivados de la redistribución constante del flujo sanguíneo durante el ejercicio, inducen fenómenos de hipoxia-reoxigenación, lo que facilita la producción de RLO.

                Aunque en numerosos estudios se han podido ratificar la relación ejercicio físico-toxicidad del oxígeno cuando el ejercicio es intenso (extenuante), existen también evidencias de que el ejercicio crónico y agudo, incluso si es leve, condiciona un aumento de los RLO, con un potencial poder lesivo sobre las estructuras lipídicas y proteicas musculares.

                En este sentido cabría preguntarse si el ejercicio físico es beneficioso o no, para mitigar los efectos del estrés oxidativo, así como su posible acción sobre el proceso de envejecimiento. El ejercicio físico, más aún determinados tipos, tiene muchos efectos beneficiosos como la mejoría de la capacidad cardiovascular, del perfil lipídico, el aumento de las defensas antioxidantes, el hacernos más conscientes y por ello poner soluciones a problemas como el tabaquismo y los malos hábitos alimentarios y, en general, el aumentar la sensación de bienestar.

                Existe un equilibrio delicado entre oxidantes y antioxidantes en los sistemas biológicos. El ejercicio físico puede romper este equilibrio, sobre todo si se combina con fenómenos relacionados con inadecuados estilos de vida. La ruptura de este equilibrio podría estar en la base de la patogenia de enfermedades crónicas y degenerativas, incluso en la base de los mecanismos que subyacen al envejecimiento.

                Por lo tanto habría que al menos pensar en la posibilidad de la suplementación exógena de antioxidantes, porque aunque si bien no existen evidencias de que mejore nuestra capacidad de ejercicio, si minimizan los efectos perjudiciales que de él pueden derivarse.

ANTIOXIDANTES VITAMÍNICOS

  • Vitamina C o ácido ascórbico

Son múltiples las funciones de esta vitamina a nivel del organismo humano (intervención en la síntesis de colágeno, de gran importancia para la formación y mantenimiento de los tejidos corporales; para incrementar la resistencia capilar; síntesis de proteínas y cartílago fundamentales para el aparato locomotor; participación en las vías metabólicas energéticas; participación en la formación de carnitina, catecolaminas y hormonas esteroideas; intervención en el proceso de absorción del hierro dietético; intervención en la cicatrización de las herida, procesos alérgicos y fortalecimiento del sistema inmunitario; etc.).

Es considerada uno de los antioxidantes más potentes a nivel plasmático,  y en otros compartimentos acuosos, aunque existen estudios que cuestionan su papel como antioxidante (Timmer, J.M,; Gross, F.L.; Robertson, R.J.; Dixon, C.B.; Tagle, E.; Evans, R.W.: Effect of vitamin C on free radícalas and delayed onset muscle soreness following resistive exercise. Ded Sci Sports Exerc. 2003; 35(5) Supplement 1:S196.).

Esta vitamina tiene una acción sinérgica con la vitamina E (reduce su forma oxidada), pero en dosis masiva y en presencia de niveles elevados de hierro oxidado (Fe+++), puede actuar como agente pro-oxidante. Por ello es conveniente valorar la ferritina siempre que se consuman importantes dosis  de vitamina C (la ingesta recomendada es de 75 mg/día en la mujer y 90 mg/día en el hombre, y hasta 160 mg/día en el deportista).

A nivel dietético se encuentra fundamentalmente presente en fruta fresca (cítricos, kiwi), verduras y hortalizas.

  • Vitamina E o alfa-tocoferol

 

Se trata de una vitamina liposoluble presente en plasma y glóbulos rojos, pero es en las membranas celulares en donde se encuentra en su estado más activo. Se considera uno de los principales antioxidantes inhibidores de la peroxidación lipídica de las membranas celulares.

Aunque la mayoría de estudios aceptan su efecto antioxidante, existen algunos que cuestionan su efectividad en la atenuación del daño oxidativo en dichas membranas, al menos en ejercicios de fuerza.

En deportistas de resistencia, se han observado disminuciones de los niveles plasmáticos de vitamina E en relación a sujetos sedentarios, por ello, y aunque la ingesta recomendada es de 15 mg/día, pueden tomarse dosis de 150 mg/día en periodos de entrenamiento intenso, sin sobrepasar nunca los 800 mg/día porque puede interferir en la absorción de la vitamina A.

Por otro lado, un estado deficitario de vitamina E, es capaz de incrementar la fatiga y deteriorar las propiedades contráctiles del músculo.

Recordar por último, la probable sinergia de las vitaminas C y E como antioxidantes en el deportista.

  • Beta-carotenos o pro-vitamina A

Estos precursores de la vitamina A actúan como agentes antioxidantes, protegiendo a las membranas celulares de las reacciones tóxicas de la peroxidación. Se encuentran a nivel dietético en las frutas de colores amarillo y anaranjado y en las partes verdes de las plantas.

Si bien la ingesta de beta-carotenos no conlleva riesgos, una ingesta excesiva de vitamina A (más de 10 veces su ingesta recomendada – 700 microgramos/día en la mujer y 900 microgramos/día en el hombre-), puede llegar a ser hepatotóxica.

Hay estudios que recomiendan una suplementación conjunta de vitaminas A y C, en deportes de equipos que permanecen con frecuencia fuera de sus casas (concentraciones, viajes) y que llevan una alimentación poco casera.

Como resumen,  se puede concluir  este apartado indicando que los antioxidantes (vitaminas A, C y E, , son interesante en dos tipos de deportistas en los que se genera un gran estrés oxidativo:

  • Deportistas de fines de semana.
  • Deportistas de alto nivel.

En ambos casos puede resultar muy interesante administrar un suplemento exógeno de antioxidantes, que si bien no van a mejorar el rendimiento deportivo, si pueden influir positivamente y a largo plazo sobre la salud.

ANTIOXIDANTES MINERALES

La importancia de los minerales como antioxidantes radica en que o bien forman parte o bien intervienen en la síntesis de determinadas enzimas antioxidantes (catalasa, glutatión peroxidasa, superóxido dismutasa, etc.).

  • Selenio

Interviene en la formación de la enzima antioxidante glutatión peroxidasa, complementando la acción de la vitamina A como antioxidante. Es potencialmente tóxico, por lo que no se recomienda superar la dosis de 150 mg/día.

  • Zinc

Los estados carenciales de este mineral suelen producirse en situaciones de estrés mantenido y en dietas fundamentalmente a base de cereales. Por otro lado su deficiencia se ha vinculado con anomalías del sistema inmune.

  • Magnesio

Desempeña un papel fundamental en muchas reacciones enzimáticas y especialmente en las que interviene el ATP (Adenosina trifosfato); también se vincula a la síntesis proteica e interviene en los procesos de transmisión neuromuscular.

El ejercicio físico induce una depleción del magnesio por la secreción sudoral. Su acción, más que ergogénica, podría considerarse como facilitadora de la recuperación de la excitabilidad neuronal.

Está indicado fundamentalmente en caso de contracturas musculares y/o calambres asociados a esfuerzos intensos y mantenidos, o cuando su aporte dietético sea insuficiente.

  • Cobre

Son múltiples sus funciones fisiológicas (desarrollo e integridad del sistema cardiovascular y esquelético; función eritropoyética; participación en los mecanismos inmunes;  mantenimiento de la estructura y función del sistema nervioso; etc.).

El cobre, distribuido mayoritariamente a nivel muscular, participa en la protección contra los oxidantes (RLO) y en la síntesis de catecolaminas y melatonina, que a su vez desempeñan un importante papel en la recuperación de los depósitos de glucógeno musculares.

  • Hierro

El ejercicio aumenta las demandas de hierro, y si no son atendidas, puede aparecer un estado de ferropenia. La conocida como anemia del deportista, hace referencia a una deficiencia de hierro orgánico como consecuencia de un aporte dietético insuficiente, una disminución en su absorción (el ejercicio incrementa el peristaltismo intestinal, lo que dificulta la absorción), y por un aumento de las pérdidas por la hemólisis y por el propio sudor.

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