Mª Carmen Arroyo

Psicóloga del Hospital Victoria Eugenia

¿Cómo reaccionamos habitualmente ante un duelo?

Normalmente hay unas fases:

  • A) la negación, el no poder creer lo que ha ocurrido

  • B) la desesperación, al tomar contacto con la realidad. Sería como romperse ante la evidencia

  • C) la rabia por lo que ha pasado. Este enfado puede ser con la vida, con Dios, con los médicos e incluso con uno mismo

  • D) la pena y la tristeza residual al ya asumir la pérdida y echar de menos a esa persona. No obstante, hay una considerable variabilidad dependiendo de las personas y, sobre todo, de las circunstancias en las que ha tenido lugar el fallecimiento.

¿Cómo se puede ayudar a alguien en duelo que ha perdido a un ser querido?

En primer lugar, dándole calor, cariño y escuchándolo. Pensemos que esa persona se siente rota y en gran parte, ha emergido en ella un sentimiento de soledad agudo.

En segundo lugar, debemos dejar que llore, ya que ese dolor hay que sacarlo. Nunca hay que decirle “no llores” porque estamos entonces reprimiendo a esa persona unas emociones que han de salir.

Posteriormente, no debemos usar frases hechas tipo “resignación” o “ya era muy mayor”, “era de esperar” o “a todos nos llega la hora”. Son frases que no llegan al corazón del doliente y que no le aportan nada y parece más que estamos respondiendo a un protocolo. En muchas ocasiones, un abrazo sentido es suficiente.

¿Es bueno forzar a alguien en duelo a que salga a entretenerse para que se anime?

No se debe forzar, salvo que la persona se enclaustre de forma patológica una vez transcurrido mucho tiempo desde el fallecimiento.

Hay que dejar que la persona llore y se recupere emocionalmente de la pérdida y eso requiere paz y cierto recogimiento para que lo supere, es decir, necesita hacer el duelo psicológicamente para que no se enquiste. Poco a poco, la persona irá haciendo lo que le vaya apeteciendo y, en ese momento, hay que darle un pequeño empujoncito mostrándole propuestas de actividades, pero nunca forzándolo.

Además, esas actividades propuestas deben ser adecuadas para alguien convaleciente emocionalmente. Debemos evitar situaciones de bullicio o de alegría que hagan que el doliente se percate aún más del contraste con su estado de ánimo.

¿Cuál es el objetivo en la terapia cuando abordas estos casos de duelo?

  • En primer lugar hay que analizar las circunstancias del óbito (muerte de esa persona querida) por si hay residuos de culpa de algo hacia sí mismo o hacia otro/s.

  • Posteriormente, debemos asegurarnos de que la persona pase por las fases aludidas para evitar enquistamientos.

  • Seguidamente, hay que trabajar el aprender a convivir con la presencia emocional del finado, es decir, incorporar sus vivencias y lo que esta persona le aportó en su vida. Y que su presencia con fotos o vídeos, forme parte de su entorno para tenerlo presente y sentirlo más cerca, para poder así paliar su ausencia.

¿Cúando se pasa peor?

Cuando ha habido algo que ha afectado a la autoestima o a la paz interna del doliente. En estos casos, hay que reconstruir los hechos evocándolos para analizarlos objetivamente y ver si realmente esa persona tiene motivos para sentirse así.

Se pasa también mal cuando el duelo se ha encapsulado y no ha tenido la oportunidad de desahogarse llorando la pérdida.

¿A qué se puede agarrar alguien cuando pierde un ser querido?

A interiorizar lo bueno que ese ser querido nos transmitió y enseñó y así hacer que eso perdure.

A presentificar su recuerdo hablando con naturalidad de esa persona con sus cosas buenas y malas, los momentos curiosos y las experiencias graciosas.

Y… a los sueños, es decir, cuando esa persona perdida aparece en nuestros sueños, hay que disfrutar de la experiencia y despertarnos con la alegría de haber tenido algo de ella mientras dormíamos.

Si lo desea, puede solicitar su cita médica con nuestros especialistas en psicología