Mª Carmen Arroyo

Especialista en Psicología del Hospital Victoria Eugenia

El acoso escolar es un problema que siempre ha existido pero que se ha denostado hasta hace unos 10 o 12 años. Incluso hoy, desgraciadamente, muchos maestros siguen mirando para otro lado cuando son testigos o cuando se les alerta de un evidente caso.

El dicho “son cosas de niños” sigue siendo muy usado y subestima un problema cada vez más acuciante, con lo que eso conlleva. Si no se actúa desde el colegio y la familia lo antes posible, el problema se acrecentará.

Perfiles en un acoso escolar:

 Víctima del acoso

Este problema suele afectar a los más brillantes y a los que los demás perciben como más débiles y en la mayoría de los casos, responde a unas actitudes de envidia que hacen que un grupo (de dos o más) ataquen a un niño/a.

Suelen ser alumnos excelentes y constantes y/o niños con alguna característica distintiva sin trascendencia (gafas, exceso de peso…..). En el primer caso, el agresor lo elige como forma de eliminar un rival que le haga sombra. En el segundo, se busca un recurso fácil, alguien a quien paralizar para poder destacar.

Acosador

Los que son acosadores en el colegio tienen muchas probabilidades de que lo sean también de adultos (mobbing).

Estos sujetos son fácilmente irritables pues no tienen tolerancia a la frustración, no aceptan el no o que alguien les haga frente con la lógica. Proyectan una imagen de fuertes, de seguros, pero no es más que una carcasa que esconde una gran inseguridad: “dime de que presumes…..”. Es un ser débil, que precisa utilizar a otra persona hostigándola y humillándola para poder destacar ya que, de otra manera, no cree que pueda destacar por sí mismo.

El acosador se vale de otros niños que, o se agregan a él y siguen sus indicaciones, o temen convertirse en la siguiente víctima. Son por tanto, acólitos también de débil trasfondo y pocos recursos. Estos “seguidores” hacen que el agresor se sienta fuerte y reforzado.

¿Qué hacer ante una situación de acoso escolar?

  1. Debemos prestar mucha atención a un niño si se muestra triste o si se enfada en casa fácilmente. Estos enfados son fruto de la impotencia acumulada por la agresión soportada.

  1. Hablar con él sin miedo y con una actitud de escucha y comprensiva.

  1. Comunicarlo a los maestros sin que trascienda al agresor.

  1. Acudir a la ayuda profesional de un psicólogo que le dote de herramientas para superar su problema.

  1. El colegio y los maestros, por su parte, deberían entender e inculcar pautas y normas cívicas claras acerca de cómo han de actuar los niños con los compañeros: sustituir la competición (que inculca la rivalidad y las comparaciones) por la colaboración; fomentar la empatía y el respeto (no hacer lo que no me gustaría que me hicieran); saber decir “no” cuando el otro instiga a algo incorrecto; asumir los errores con tolerancia pero aprendiendo de ellos; no fanfarronear ni adoptar actitud de superioridad; no hacer el vacío a ningún compañero, etc.

  1. Habría que trasladar estas mismas actitudes a la familia e instaurarlas en ambos contextos. El aprendizaje observacional es más eficaz en los menores que el verbal.

Cifras del acoso escolar 

  • Un 34% de los menores que sufren acoso escolar reconoce no habérselo contado a sus padres.

  • Un 44% de los casos de acoso entre iguales se prolonga más allá de un año.

  • Un 70% padece acoso escolar diariamente.

  • La edad más habitual de padecer acoso escolar son los 12 y 13 años.

Fuente: Fundación ANAR anar.org #Nobullying

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