Por Ismael Saquete

Especialista en Psicología del Hospital Victoria Eugenia

Los padres de P.C. de 5 años de edad, acuden a la consulta tras observar que su hijo se comporta de forma diferente a la habitual. Se muestra más desobediente, insiste en comer papillas, cuando desde los 3 años comía en el comedor de la escuela. Incluso en alguna ocasión ha llegado a mojar la cama durante la noche, pese a tener desarrollado el control de los esfínteres desde hace varios años. También parece como más distraído y menos sociable. Cuando preguntamos a los padres, si ha ocurrido algún acontecimiento que haya podido ser la causa de estos cambios, nos indican que lo único destacable ha sido el nacimiento del hermano de P.

¿Qué diferencia los celos de la envidia y de la rivalidad fraterna?

 Los celos infantiles se definen como la reacción adaptativa a una situación transitoria por la que pasa el niño como consecuencia del nacimiento de un hermano. Estos celos tienen su correlato no solo conductual sino también, emocional.

¿Cómo diferenciar los celos de la envidia? Se tienen celos cuando se desea algo que se ha poseído anteriormente, pero ahora se ha perdido parcial o totalmente. El rasgo definitorio de la envidia consiste en anhelar lo que nunca se ha tenido y que resulta de difícil obtención para el sujeto envidioso. Otra diferencia fundamental consiste en la presencia de un afecto previo. Es este afecto, precisamente, el que potencia la recuperación del objeto del cual se recibía dicho afecto.

Por su parte, la rivalidad fraterna se constituye como una serie de conductas en las cuales se manifiesta desagrado verbal, agresividad, egoísmo o negación a compartir e interferencia hacia los padres a la hora de atender al hermano menor.

Datos epidemiológicos sobre los celos

Se ha demostrado que el 98% de los niños/as, en mayor o menor medida, sufren un incremento de problemas de conducta a raíz del nacimiento de un hermano/a, extendiéndose hasta el 89% en los menores de 3 años.

Los celos no aparecen antes de los 8 meses, alcanzando su punto máximo entre los 2 y 4 años, siendo más proclives los niños que las niñas a experimentarlos. Se da una mayor probabilidad de aparición cuando los hermanos son del mismo sexo. Atendiendo al orden de nacimiento, es el primogénito quien con más intensidad experimenta las consecuencias de un nuevo nacimiento.

Indicadores celotípicos

Vamos a relacionar aquellos indicadores más frecuentes, no queremos decir los únicos, sí los más frecuentes y fácilmente observables. Se produce un aumento de la desobediencia con la intención de molestar y obtener atención por parte de los padres. Al mismo tiempo se incrementan las conductas alborotadoras cuando se dispensan los cuidados al hermano, con la intención de obtener mayor atención por parte de los padres.

Se puede producir el desarrollo de una actitud aislacionista o de retraimiento, la cual  le lleve a involucrarse en actividades solitarias o de escasa participación social, junto con el incremento de las rabietas o de los episodios de llanto.

Cambios en el ritmo del sueño, con presencia de pesadillas u otras parasomnias, así como en la conducta alimentaria con inapetencia. Aparición de conductas evolutivamente inapropiadas las cuales estaban ya superadas (micción nocturna en la cama, ser acunado, tomar los líquidos en biberón, entre otras).

Dolor o malestar indefinido (dolor de estómago, de cabeza, sensación de nauseas, vómitos). Su actitud se puede tornar indiferente, apareciendo como desinteresado, apático o aburrido. En los casos de mayor gravedad se ha detectado comportamientos agresivos hacia el hermano menor.

Intervención

Se ha establecido un rango de edades orientativas, según las cuales la intervención va dirigida a unas personas u otras. Antes de los 7 años, se trabaja casi exclusivamente, con los padres. A partir de los 8, se implica tanto al niño como a los progenitores y cuando se superan los 12, los padres pasarían a un segundo plano, centrándose la intervención en al adolescente.

Preparar al niño para la venida del nuevo hermano. La adaptación a la nueva situación del hogar, siendo este uno de los momentos más decisivos donde, con diferentes técnicas, se enseña como resolver la situación y salir fortalecido de la misma.  Tratar los posibles problemas de agresividad que puedan tener lugar, así como los déficits  de autoestima que se observen, componen el cuerpo principal del abordaje terapéutico para los celos infantiles.

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